5ta. Comunidad del Camino NeoCatecumenal
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Iconos del Camino Neocatecumenal

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El Cristo Pantocrátor, o sea el Omnipotente que viene en la gloria de su divinidad, representada por sus cándidas vestiduras, al final de los tiempos. El Cristo Pantocrátor expresa la espera escatológica de la asamblea cristiana y de todo el mundo. En la mano izquierda del Cristo está el libro de la vida en el cual se lee "Amate i vostri nemici" e "Vengo presto" ("Amad a vuestros enemigos" y "Pronto vendré"); esta palabra es el corazón de la Nueva Alianza y una llamada a la perseverancia. Con la mano derecha bendice. El cuerpo del Cristo está inscrito en las tres esferas cósmicas. La primera esfera es azul y representa la Tierra. La segunda esfera es negra y representa la muerte que rodea la tierra. La tercera esfera es azul celeste y representa el cielo. En el centro la figura de Cristo rompe el círculo de la muerte y une la Tierra al Cielo. Los cuatro ángulos rojos laterales son imagen de los cuatro Evangelistas que anuncian la venida de Cristo al mundo.
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El icono "Virgen del Tercer Milenio" está basado en el modelo de la Virgen de Vladimir que se encuentra en la Galería Tretjakov de Moscú, considerado como el icono más grande de la Santa Madre de Dios, que el Papa Juan XXIII proclamó patrona de la unidad de todas las iglesias.

En nuestro icono la verdadera protagonista de la obra es la mirada de la Virgen: no somos nosotros los que miramos a la virgen sino que es la Virgen quien nos mira a nosotros, nuestros sufrimientos, los pecados, las angustias... y provee, como ha visto y provisto en Caná de Galilea cuando en las bodas faltaba el vino.

El color rojo fuego y el amarillo recuerdan la zarza ardiente desde la cual Dios habló a Moisés. Es el fuego del celo divino por la salvación de los hombres.

La Virgen observa nuestra vida y ve que falta el vino de la resurrección: la victoria sobre la muerte. Nuestras bodas humanas, nuestras alegrías no son plenas, falta el vino. Cristo, su hijo amado, consigue la salvación eterna para nosotros. Resucita de la muerte y se consume el vino.

Ahora todo tiene sentido, Cristo ha resucitado, la muerte ha sido vencida y la Virgen intercediendo por nosotros nos invita a llevar a todos los hombres el vino de la Nueva Evangelización.

La Santa Virgen con el Niño están rodeados por las inscripciones:

"Ave stella novae evangelizationis
tertio millenio Maria humilis
mater gloriosa".
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El icono muestra el regreso de la Sagrada Familia de Jerusalén a Nazaret, después de que el Niño hubiera sido encontrado en el Templo. San José lleva en sus hombros a Jesús que se vuelve hacia la Virgen María, su Madre. Ella durante el camino le entrega el pergamino con la Palabra de su misión, donde se puede leer, escrito en griego, el inicio del texto de Isaías 61,1-2:

"El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido..."

San José lleva en el rostro el carácter reflejado del Siervo de Jahveh (del Santo Sudario) como signo de que preparará a Jesús para su misión de Siervo de Dios, que lleva sobre sí los pecados del mundo (Is 53).
La importancia de este hecho es subrayada por el Camino Neocatecumenal, que lo predica por todo el mundo: "formad en las parroquias comunidades cristianas como la Sagrada Familia de Nazaret", donde los Cristianos, que han recivido el bautismo pero viven su vida en la infancia, puedan crecer hasta llegar a ser adultos "hasta Aquel que es la Cabeza." (Ef 4)
El hecho de que Jesús adolescente sea llevado en hombros indica la importancia que tiene el padre en la familia que ha de preparar al joven para la vida adulta. El icono muestra la necesidad que el hombre tiene de la familia para hacerse adulto, como nos lo ha revelado Dios en la Familia de Nazaret.
El verbo de Dios, hecho Hombre, únicamente siendo adulto puede llevar a cabo su misión y Dios revela que el lugar histórico donde el Hijo de Dios se hace adulto es la Familia de Nazaret.
El gesto de San José que lleva a Jesús sobre sus hombros se encuentra ya, aunque raras veces, en la tradición iconográfica antigua, por ejemplo en el mosaico de la iglesia de Chora (sig. XII), en Estambul, donde en el regreso de Egipto a Nazaret San José lleva al niño sobre los hombros y su madre le sigue. El gesto se retoma aunque por autores modernos, por ejemplo por William Dobson (1817-1878): en un cuadro suyo San José lleva en brazos al niño Jesús adolescente en el regreso a Nazaret, después del encuentro con los doctores de la Ley en el templo de Jerusalén (Tate Gallery de Londres).
El gesto de la Virgen que entrega al niño la Palabra podemos encontrarlo en muchos iconos de la Iglesia Ortodoxa, vease "Eleusa Kykkotissa".
El nombre viene del monasterio de Kykko en Chipre, donde se ve a la Virgen llevando al niño, ya crecidito, en brazos y le está entregando el pergamino de Isaías. Iconos de la Eleusa Kykkotissa se encuentran en muchas partes del mundo, como en el Monasterio de Santa Caterina en el Sinaí, que está cerca del monte de las Tentaciones, en Israel. Aunque el gran pintor ruso Simon Usciakov, del siglo XVI, tiene una bellísima Kykkotissa que se conserva en la Galería Tretjakov de Moscú. Este cuadro ha inspirado el cuadro de la Virgen del Camino neocatecumenal.